Qué hacer si te enfermas durante un viaje

Mi trabajo como médico me da oportunidad de viajar con frecuencia, para asistir a convenciones y congresos de mi especialidad. Aunque, por tanto, no se trata de viajes de placer, no faltan ocasiones para descansar un poco, ya sea disfrutando de una bebida refrescante en la playa o recorriendo las calles de una impresionante ciudad.

El último evento al que asistí este año se llevó a cabo en uno de los hoteles de Acapulco todo incluido; dichos establecimientos no sólo cuentan con todos los servicios e instalaciones necesarios para disfrutar de unas excelentes vacaciones, sino que algunos también tienen salas especiales para juntas y reuniones.

Como la convención terminaba en viernes, decidí quedarme todo el fin de semana y regalarme unos días más junto al mar. Una tarde, mientras descansaba en el área de las albercas del hotel, vi a una familia que, al igual que muchas otras, se divertía en aquella zona. Sin embargo, me llamó la atención el niño más pequeño, que no jugaba ni se lanzaba al chapoteadero como sus hermanos, sino que permanecía en una silla con aire decaído; mi afinada percepción clínica me permitió notar que el pequeño tenía escalofríos y al mirar con más atención, noté una fina erupción en sus brazos.

No pude evitar acercarme a los papás y, después de presentarme como médico, recomendarles que llevaran al pequeño a consulta, pues manifestaba síntomas de una enfermedad viral, como sarampión o varicela. Por fortuna, los papás reaccionaron bien ante mi sugerencia y el hotel brindaba servicios tan completos, que tenía su propio personal médico. Lo desafortunado fue que la familia tuvo que suspender de inmediato sus vacaciones, para el total descontento de los hermanos mayores.

Situaciones como ésa pueden pasar durante cualquier viaje y la experiencia puede llegar a ser muy estresante si no se sabe cómo reaccionar o no se cuenta con ayuda médica inmediata. Por eso consideré buena idea el compartir mi anécdota, junto con algunas recomendaciones para saber qué hacer, si ustedes o sus acompañantes se sienten mal durante un viaje.

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Prestar atención a los síntomas

El primer paso para saber si estamos ante una posible enfermedad y determinar si se requiere ayuda médica, es detectar los síntomas. Lo anterior es particularmente relevante cuando se viaja con niños o con personas mayores, porque ellos no siempre dirán que se sienten mal y para cuando nos demos cuenta, el problema puede haber avanzado. Si notan que la persona está más cansada de lo habitual, parece decaída, no quiere participar en las actividades o cualquier otro síntoma fuera de lo normal, es conveniente preguntarle si se siente mal o verificar si hay fiebre, dolor o manchas en la piel.

Recurrir al botiquín de viaje

En cualquier viaje, es recomendable llevar un pequeño botiquín, con medicamentos de venta libre, para tratar dolores, malestares estomacales o alergias. Ahora bien, ¿cómo saber si es conveniente tomarlos? Si el malestar es leve, como un dolor de cabeza o de estómago, y además se considera que la causa puede ser el ajetreo del viaje o el haber probado un platillo nuevo, bien se puede recurrir a los medicamentos del botiquín para aliviar los malestares.

Si hay fiebre, dolor agudo, salpullido o alguna reacción alérgica y además las causas del malestar no son tan evidentes, lo mejor es buscar apoyo médico. Si los primeros síntomas no ceden o incluso empeoran después de haber tomado un medicamento, o si la persona tiene una enfermedad preexistente, se debe solicitar ayuda profesional de inmediato.

Solicitar apoyo al personal del hotel en caso de emergencia

Una de las razones por las que enfermarse durante un viaje resulta muy estresante y puede ser más grave, es porque al estar en un lugar que no conocemos, no sabemos bien a dónde acudir para buscar atención. El personal del hotel puede ser su mejor aliado; aun cuando no cuenten con médico o enfermeros de planta, podrán ayudarles a encontrar los consultorios u hospitales más cercanos e incluso solicitar la ayuda.

Contactar con familiares o amigos en casa

Puede que la situación no pase a mayor, pero ante cualquier malestar, conviene informar a alguien en casa, para que esté prevenido en caso de que se requiera su ayuda. Para no desatar alarmas innecesarias, llamen al contacto que consideren más prudente; alguien que se mantenga atento y dispuesto a reaccionar en el momento requerido, pero que no desate una tormenta en un vaso de agua.

 

Cómo evitar la depresión de Fin de Año

Estoy muy contento porque esta semana concluiré el módulo final de mis diplomados médicos en línea. Se trata de un curso que tomo al menos cada dos años, para mantener mis conocimientos actualizados.

Lo anterior no quiere decir que deje de leer e investigar acerca de los avances médicos cuando no estoy inscrito en un curso; tales actividades deben ser una constante en la vida profesional de un médico, de lo contrario nos perderíamos de información valiosa y muy relevante para salvar vidas. Sin embargo, el objetivo de inscribirme a estos cursos estandarizados, además de obtener una certificación oficial, es la de interactuar e intercambiar información con otros colegas, aunque sea de manera virtual.

De hecho, en este curso formamos un grupo de estudio tan sólido, que no sólo nos conectamos mediante los foros de discusión, sino que hasta organizamos una pequeña reunión de fin de año el fin de semana pasado. Entonces comentamos, entre otros temas, que en esta época suelen incrementarse diversos padecimientos, tanto fisiológicos como psicológicos.

Entre estos últimos figuran trastornos como la depresión y la ansiedad, que van más allá de sentir nostalgia, melancolía o estrés ante ciertas situaciones, y pueden afectar notablemente las actividades cotidianas y el estado general de salud de quienes las padecen. Si bien todos llegamos a sentir angustia, enfado o tristeza en esta época del año, ya sea porque no podemos celebrar a nuestro gusto, porque preferiríamos no tener ciertos compromisos, o porque sufrimos alguna pérdida recientemente, por lo general logramos superarlo.

La mayoría cedemos ante las convenciones y participamos en ellas con agrado, mientras que otros prefieren abstenerse de ciertas formas de celebrar, pero también de manera tranquila y sin que ello les afecte. El problema, que puede repercutir negativamente en la salud, se da cuando la persona no encuentra la manera de sentirse cómoda con lo que sucede a su alrededor y opta por retraerse de todo, aunque tampoco se sienta bien a solas, o bien se refugia en los aspectos menos saludables de la celebración, como la bebida, la comida en exceso o las compras compulsivas.

En la mayoría de los casos, dicho comportamiento tiene una explicación, que puede relacionarse con problemas ocurridos durante el año, crisis financieras o personales, o malas experiencias pasadas que sucedieron en estas fechas. Todo lo anterior puede condicionar a la persona, para que incluso de manera inconsciente manifieste un rechazo al ambiente festivo de la temporada.

Otra causa de la depresión o ansiedad que algunas personas sufren a fin de año es la excesiva presión del entorno social, el comercio y los medios de comunicación, para crear un ambiente de supuesta felicidad, que no corresponde con la realidad que se vive. Por contradictorio que parezca, el que todo a nuestro alrededor nos diga que debemos estar felices puede conducirnos al estado de ánimo contrario, porque nos vemos incapaces de sentir o compartir esa felicidad.

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Para que el estrés de las fiestas no llegue a niveles incontrolables y desencadene otras enfermedades, les recomiendo lo siguiente:

  • Concentrarse en las actividades cotidianas o en las que más se disfrutan: si sienten que la “algarabía navideña” comienza a resultar excesiva, hagan una pausa entre las fiestas y las compras y retomen las sesiones en el gimnasio o el spa, o cualquier actividad que disfruten. Adelantar pendientes o quehaceres cotidianos también puede ser una buena idea.
  • Disfrutar del reencuentro con familiares y amigos: las posadas, las cenas y los intercambios pueden ser de las pocas oportunidades que tenemos en el año para ver a ciertas personas a quienes apreciamos. Vean la tradición como la oportunidad de un reencuentro y no como una obligación.
  • Concederse un tiempo a solas: para que las reuniones, sobre todo las que se hacen por compromiso, no se vuelvan una fuente de agobio, es importante darse tiempo para disfrutar de la soledad; ya sea una caminata, una sesión de spa o una tarde de lectura.
  • Reconocer y aceptar lo que puede entristecernos, para buscarle una solución: la alegría y la felicidad no son emociones y estados que deban manifestarse como por arte de magia en ciertas épocas del año, sino que se trabajan y conquistan día con día. Si esta época en particular despierta emociones negativas, está bien admitirlas y buscar sus causas para poder solucionarlas. No es bueno ocultarlas tras una máscara de felicidad, porque con ello sólo se conseguirá que sigan afectando interiormente.

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