Cómo evitar la depresión de Fin de Año

Estoy muy contento porque esta semana concluiré el módulo final de mis diplomados médicos en línea. Se trata de un curso que tomo al menos cada dos años, para mantener mis conocimientos actualizados.

Lo anterior no quiere decir que deje de leer e investigar acerca de los avances médicos cuando no estoy inscrito en un curso; tales actividades deben ser una constante en la vida profesional de un médico, de lo contrario nos perderíamos de información valiosa y muy relevante para salvar vidas. Sin embargo, el objetivo de inscribirme a estos cursos estandarizados, además de obtener una certificación oficial, es la de interactuar e intercambiar información con otros colegas, aunque sea de manera virtual.

De hecho, en este curso formamos un grupo de estudio tan sólido, que no sólo nos conectamos mediante los foros de discusión, sino que hasta organizamos una pequeña reunión de fin de año el fin de semana pasado. Entonces comentamos, entre otros temas, que en esta época suelen incrementarse diversos padecimientos, tanto fisiológicos como psicológicos.

Entre estos últimos figuran trastornos como la depresión y la ansiedad, que van más allá de sentir nostalgia, melancolía o estrés ante ciertas situaciones, y pueden afectar notablemente las actividades cotidianas y el estado general de salud de quienes las padecen. Si bien todos llegamos a sentir angustia, enfado o tristeza en esta época del año, ya sea porque no podemos celebrar a nuestro gusto, porque preferiríamos no tener ciertos compromisos, o porque sufrimos alguna pérdida recientemente, por lo general logramos superarlo.

La mayoría cedemos ante las convenciones y participamos en ellas con agrado, mientras que otros prefieren abstenerse de ciertas formas de celebrar, pero también de manera tranquila y sin que ello les afecte. El problema, que puede repercutir negativamente en la salud, se da cuando la persona no encuentra la manera de sentirse cómoda con lo que sucede a su alrededor y opta por retraerse de todo, aunque tampoco se sienta bien a solas, o bien se refugia en los aspectos menos saludables de la celebración, como la bebida, la comida en exceso o las compras compulsivas.

En la mayoría de los casos, dicho comportamiento tiene una explicación, que puede relacionarse con problemas ocurridos durante el año, crisis financieras o personales, o malas experiencias pasadas que sucedieron en estas fechas. Todo lo anterior puede condicionar a la persona, para que incluso de manera inconsciente manifieste un rechazo al ambiente festivo de la temporada.

Otra causa de la depresión o ansiedad que algunas personas sufren a fin de año es la excesiva presión del entorno social, el comercio y los medios de comunicación, para crear un ambiente de supuesta felicidad, que no corresponde con la realidad que se vive. Por contradictorio que parezca, el que todo a nuestro alrededor nos diga que debemos estar felices puede conducirnos al estado de ánimo contrario, porque nos vemos incapaces de sentir o compartir esa felicidad.

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Para que el estrés de las fiestas no llegue a niveles incontrolables y desencadene otras enfermedades, les recomiendo lo siguiente:

  • Concentrarse en las actividades cotidianas o en las que más se disfrutan: si sienten que la “algarabía navideña” comienza a resultar excesiva, hagan una pausa entre las fiestas y las compras y retomen las sesiones en el gimnasio o el spa, o cualquier actividad que disfruten. Adelantar pendientes o quehaceres cotidianos también puede ser una buena idea.
  • Disfrutar del reencuentro con familiares y amigos: las posadas, las cenas y los intercambios pueden ser de las pocas oportunidades que tenemos en el año para ver a ciertas personas a quienes apreciamos. Vean la tradición como la oportunidad de un reencuentro y no como una obligación.
  • Concederse un tiempo a solas: para que las reuniones, sobre todo las que se hacen por compromiso, no se vuelvan una fuente de agobio, es importante darse tiempo para disfrutar de la soledad; ya sea una caminata, una sesión de spa o una tarde de lectura.
  • Reconocer y aceptar lo que puede entristecernos, para buscarle una solución: la alegría y la felicidad no son emociones y estados que deban manifestarse como por arte de magia en ciertas épocas del año, sino que se trabajan y conquistan día con día. Si esta época en particular despierta emociones negativas, está bien admitirlas y buscar sus causas para poder solucionarlas. No es bueno ocultarlas tras una máscara de felicidad, porque con ello sólo se conseguirá que sigan afectando interiormente.

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