Curación y alimentación

El día de hoy fui a visitar a unos pacientes, quienes vinieron al hospital para una curación de heridas, ya que ambos sufrieron accidentes similares; sin embargo, he podido apreciar que el proceso de curación de ambos ha sido muy distinto en todos los sentidos.

Esto es algo que siempre me dirían que no debería sorprenderme en lo absoluto, debido a que todos los organismos son distintos, lo que significa que el modo de reaccionar de todos los organismos es igualmente distinto; no obstante, el cambio no debe de ser demasiado radical, ya que todos estamos compuestos de los mismos elementos.

No obstante, he visto algunas veces a lo largo de los años estos cambios o diferencias dramáticas en la recuperación de pacientes con heridas o traumas muy parecidos, algo que debido al número de ocasiones que lo he presenciado, debe de ser un fenómeno actual y nada abstracto.

Atribuyo esta diferencia en capacidad de convalecencia estrictamente a la alimentación de un individuo, ya que no es ninguna coincidencia cuando se dice que somos lo que comemos, algo que, como he mencionado, no es ninguna coincidencia, sino una verdad absoluta que se ha sabido desde los tiempos más antiguos y un concepto con el que muchos médicos han trabajado desde entonces.

En la antigua Grecia, los médicos y filósofos sostenían la firme teoría que un individuo de bien y seguidor de la virtud de siempre de alimentarse de una manera ligera y balanceada no solo para la salud física, sino también para las propiedades mentales e intelectuales, así como espirituales.

Esto es debido a que muchos griegos buscadores de la sabiduría creían que el espíritu humano y su alma  había de viajar a otras dimensiones y a lugares altos para tener conexión absoluta con el origen de la vida , del mundo y de del cosmos donde se encuentran todas las respuestas.

Para llegar a aquellos estados mentales y espirituales tan altos uno habría de tener el estómago ligero y no estar en estado de gula por el simple hecho que los antiguos griegos creían y afirmaban que las propiedades del espíritu y del intelecto no eran de carácter abstractas, sino meramente atómicas y consecuentemente físicas, por lo que no debían de exceder en peso ni en masa para poder cumplir su misión de viaje astral y cósmico, de la misma manera que las plumas de un pájaro no pueden ser demasiado pesadas, si es que se quiere poder volar y a alcanzar alturas mayores para construir sus nidos fuera del alcance de los predadores.

Hoy en día, naturalmente muchos médicos no creen estas teorías; sin embargo, todos saben que una buena alimentación fortalece al sistema inmunológico, quien al final del día es responsable de remediar los daños que le ocurren al cuerpo.

Cuando de alimentación hablo, también me refiero a la hidratación del cuerpo, sin la cual simplemente no podemos vivir.

Aliméntante bien y sana rápido.

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