El amor a primera vista sí existe

¿Existe el amor a primera vista? Esa es la pregunta que muchos se hacen cuando conocen a alguien nuevo y les gusta, imaginan que como sus miradas se cruzaron esa persona puede llegar a sentir lo mismo que ustedes, como si un flechazo hubiera atravesado ambos corazones al mismo tiempo con la promesa de tener un final de película de Disney. Pero como bruja de este cuento, debo ponerle fin a sus ilusiones y revelarles la verdad: no existe en el plano para formar una pareja, tu príncipe azul no se enamorará de ti sólo con verte, tampoco la princesa más hermosa de un reino muy lejano.

El verdadero amor a primera vista sucede después de nueve meses, tiempo en el que, como diría la canción de Denisse de Kalafe, cargaste en tu vientre dolor y cansancio. El día que tu prueba de embarazo salió positiva y te ilusionaste, fue el aviso de que ibas por buen camino y que conocerías al hombre o la mujer al que amarás incondicionalmente por el resto de tus días.

La agonía llegó con los dolores de parto, el sudor recorre tu frente, pero haces tu mayor esfuerzo para traer a este mundo una parte de ti, no importan las complicaciones, sólo quieres que llegue el momento de tenerlo entre tus brazos. Y cuando ocurre y sus pequeños ojos se abren y se cruzan con los tuyos, llenos de lágrimas por el dolor y la felicidad, ahí la sala se inunda de amor. Sabes que harás todo lo que esté en tus manos, o fuera de ellas, por esa criatura que no tiene idea a dónde ha llegado. Esto no ocurriría con alguien que conoces, no estarías dispuesta a dar tu vida por él o ella, sólo sentiste una atracción que puede desvanecerse en cuanto conozcas a fondo al susodicho.

Dicen que los primeros meses son los más difíciles, pues debes sacrificar horas de sueño por atender al nuevo integrante de la familia. No lo aceptas, pero te pesa, te agobia, te agota. Pero pones tu máximo esfuerzo por calmar sus llantos, por entenderlo, por alimentarlo, por arrullarlo sin importar la hora, es la luz de tus ojos. En los primeros meses de noviazgo con esa persona a quien viste y en un instante te enamoraste es todo lo contrario, es miel sobre hojuelas, pero conforme avanza el tiempo y conoces su alma, te darás cuenta si en verdad Cupido hizo bien su trabajo o erró la flecha.

El reloj no detiene su marcha, tu retoño empieza a florecer y a mostrar los valores que le has inculcado, puede ponerse rebelde, lo corriges, te sientes mal por haberlo regañado, por provocarle lágrimas, pero sabes que es lo correcto y cuando vuelve para ofrecerte disculpas, sellan su infinito amor con un abrazo. En cambio, con esa persona que te conquistó sólo con la mirada, pudieras no perdonarle alguna falta mayor y todo terminaría tal como empezó, en un instante, en un segundo, y, a diferencia de un hijo, el amor es incondicional, se abre paso entre tormentas y sale a flote del mismísimo infierno.

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